17 mar. 2010

Sant Llorenç del munt - L’ Espluga de l’Andaló

Historias y leyendas de Sant Llorenç del Munt i l'Obac

                                   L’ Espuga de l’Andaló, refugio de republicanos



La cueva o balma de l’Andaló es una cueva natural de Rellinars que se encuentra justo en el cruce de dos caminos: el que se dirige desde el pueblo hasta las Fuentes y lo lleva a las Casas, formando parte del cauce de una riera sin agua de hace mucho años, excepto en diciembre de 1996. El nombre del espacio viene dado por la familia que cultivaba la tierra de los alrededores. Esta cavidad está cerrada,  en su parte exterior, por una construcción bastante deteriorada que vendría a reproducir la fachada de una casa. Todo el mundo recuerda haber visto este lugar tal como se encuentra en la actualidad, y de sus posibles funciones se le atribuyen la de ser un habitáculo para descansar de las tareas del campo.
Algunos habitantes de Rellinars aún recuerdan la cueva por unos hechos que sucedieron a finales de la Guerra Civil, durante la retirada del ejército republicano. Con buena parte de jóvenes y hombres movilizados en el frente, en  el pueblo estaban las mujeres, los niños y aquellos que por cuestiones de edad no habían sido llamados a filas. Con la retirada,  los comentarios que llegaban sobre el comportamiento de los soldados a medio camino entre la realidad y la leyenda negra-hicieron que la mayoría de hombres que estaban en el pueblo buscasen un lugar donde esconderse, mientras la guerra se producía. En la balma de l’Andaló se cobijaron tres o cuatro hombres mayores y algunas familias, con bastantes niños, que abandonaron sus casas y esperaron alrededor de una semana en este lugar, y también una pareja de Barcelona. Parece ser que fueron buena parte de los habitantes de la actual calle de Heribert Pons y algunos de la zona llamada del Serrat, que se establecieron con paja, algún colchón y mantas, y que la mayoría se quedaban a dormir.
Un día una chica, al volver de la cueva después de una salida al pueblo por fuera a buscar alimentos, fue seguida por un grupo de milicianos; esta, al oír los gritos que se detuviera, corrió asustada y llevó a los  soldados hasta el escondite. Al llegar se vivieron momentos de tensión, todos fueron obligados a salir fuera y los milicianos les hicieron varias preguntas mientras los encañonan con sus fusiles. Después de la confusión y los temores, los soldados abandonaron el lugar sin más. 

Texto extraido del libro Històries i llegendes de Sant Llorenç del Munt i l'Obac. Editorial: Farell



 

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